La misma mierda de siempre

En febrero del 2002 la situación en Oriente Próximo era prebélica, especialmente en Israel. Año y medio antes, el líder del opositor Likud, Ariel Sharon – principal responsable de las matanzas de Sabra y Chatila, donde fueron asesinados miles de palestinos -, tuvo la ocurrencia de visitar la explanada de las Mezquitas, en Jerusalén, lo que aparentemente provocó la Intifada de Al-Aqsa o segunda Intifada. La espiral de violencia que se desató entonces – era septiembre del 2000 – dio al traste con las negociaciones de paz de Camp David y contribuyó a enquistar un problema que, por lo demás, nadie tenía ni tiene interés en resolver.

Con la Intifada se generalizaron los ataques suicidas palestinos a centros comerciales, restaurantes y transportes públicos, a los que Israel respondió con lo que eufemísticamente llamó asesinatos selectivos o extrajudiciales y la destrucción de las infraestructuras de los Territorios Palestinos, muchas de ellas financiadas por la Unión Europea. La desmesurada y sanguinaria reacción del gobierno de Israel llevó a la UE a plantearse la posibilidad de adoptar sanciones, e incluso suspender el acuerdo de asociación. Pero, claro, Israel no es Siria y la propuesta, aunque contaba con el apoyo explícito del Parlamento Europeo, no salió adelante.

La incapacidad de la UE para mostrar una posición consensuada sobre la situación en Oriente Próximo y la quiebra del proceso de paz palestino-israelí quedó patente en la reunión informal de los ministros de exteriores de la Unión celebrada en Cáceres a comienzos de aquel febrero del 2002, durante el semestre de presidencia española. Curiosamente, la UE sí expresó en aquella reunión su opinión contraria a un posible ataque a Iraq. Apenas dos semanas después, no obstante, España cambiaría de postura, alineándose con EE.UU. Hasta el socialista Javier Solana, responsable de la política exterior europea, llegó a emplazar a Francia y Alemania – opuestos al ataque – a rebajar el tono de sus discrepancias con Bush.

Pese a la importancia de los asuntos que se abordaron en aquel Gymnich – que toma su nombre del castillo alemán donde se celebró la primera de estas reuniones -, el de Cáceres acabó siendo noticia mundial por un motivo bastante frívolo, como fue el gesto de Silvio Berlusconi de coronar al ministro español de Exteriores, Josep Piqué, con una hermosa cornamenta. Ocurrió en la Plaza Mayor, durante el habitual posado para la foto de familia de los asistentes a la reunión, en la que Il Cavaliere (que lo es del lavoro, o sea, del trabajo, no por nobleza) era el único primer ministro. Un mes antes, tras advertirle Berlusconi de que su trabajo era “ejecutar mis órdenes”, había dimitido el responsable de la diplomacia italiana, Renato Ruggiero, y el primer ministro decidió asumir también la cartera de Exteriores.

Consciente de que era el político de mayor rango, Berlusconi dejó claro desde que llegó que el protagonista de la cumbre iba a ser él. Aparte de disparatado, su comportamiento – un cúmulo de despropósitos – fue incluso irrespetuoso y grosero, propio de un niñato maleducado. Como ejemplo, durante una de las recepciones se entretuvo en repartir bebidas y canapés a los demás ministros después de arrebatarle la bandeja a uno de los camareros. Entre tanta idiotez, lo de los cuernos pasó inadvertido en un primer momento ya que, por su posición, ninguno de los periodistas vio el ademán burlesco del italiano. De hecho, se percataron bastante después, al revisar las grabaciones.

De la intencionalidad del primer ministro se habló mucho entonces. Hubo quien sostuvo que ese gesto se interpretaba en Italia como “tutto va bene” y el propio Berlusconi afirmó que era una broma; más diplomático, Josep Piqué, el objeto de la chanza, le quitó importancia y, sonriente, llegó a sugerir que era “un efecto óptico”. El caso es que, como dije más arriba, aquellas imágenes fueron noticia destacada en todas las televisiones europeas y al día siguiente estaban en la portada de la mayoría de los periódicos del continente, y por supuesto en los de España e Italia. Sin embargo, TVE, la televisión que las había grabado, no las emitió en el informativo estrella de las nueve de la noche de aquel viernes, 8 de febrero de 2002.

Sin conocer cómo iba a abordar el asunto el periodista que cubría el acontecimiento, ni interesarse tampoco por las circunstancias en las que se produjo la burla, el editor del Telediario –un tal Jenaro – transmitió al enviado a Cáceres la orden, dictada desde arriba, de no incluir aquellas imágenes en la información, pensando, quizá, que perjudicaban al ministro. Para garantizar que no lo hiciese, llegó incluso a reclamar las grabaciones para editar la noticia en Madrid. De nada sirvieron las advertencias y protestas del periodista – incluso airadas – pronosticando que aquello sería noticia mundial el sábado. Manifestó firmemente su desacuerdo, pero acató la orden; emitir o no las imágenes, en todo caso, no dependía de él.

Para un periodista es muy duro comerse una noticia, así que nuestro amigo actuó conforme a las órdenes que había recibido: no incluyó las polémicas imágenes entre las que envió a Madrid para el Telediario de las nueve, pero sí lo hizo en la pieza que elaboró para el informativo de medianoche, el TD3. Aunque estaba seguro de que la instrucción – absurda como pocas – había sido hacerlas desaparecer de todos los informativos de TVE, lo cierto es que nadie le había dicho nada al respecto. Vamos, que actuó con malicia; no engañó a la editora del último Telediario del día, pero, intuyendo que no sabría nada del asunto, tampoco hizo mención alguna a la censura.

Al margen de la mayor o menor trascendencia de aquello – no mucha, la verdad -, pone en evidencia cómo se hacían entonces las cosas, en cualquier caso de manera no muy distinta de cómo se hacen ahora. Prueba de ello es que años después, en el 2005, el mismo periodista tuvo que insistir hasta la cabezonería para que TVE se hiciese eco del polémico anuncio de la ministra de Vivienda socialista, María Antonia Trujillo, de que iba a promover  pisos de protección oficial de menos de 30 metros, los denostados minipisos. De aquella barbaridad, que fue la comidilla del día en toda España, no se informó en el TD1 ni en el TD2, pero sí en el TD3, del que era editor adjunto el periodista cabezón, lo que sirvió de coartada cuando el PP pidió explicaciones a la directora general, Carmen Cafarell, por ocultar la noticia.

Por eso, que dirigentes del PP como el diputado Ramón Moreno o la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, arremetan reiteradamente contra TVE por el supuesto sesgo partidista y progubernamental de las informaciones, aparte de un descarado cinismo es una auténtica vileza. Y que los cuatro miembros del consejo de administración de RTVE propuestos por el PP afirmen que se silencia “cualquier asunto que perjudica al Gobierno”, parece un verdadero sarcasmo, máxime cuando uno de ellos era subdirector de informativos cuando ocurrió lo de Cáceres. Como pueden demostrar el periodista de nuestra historia y otros muchos profesionales, en RTVE se ha manipulado siempre; pero es verdad que, a veces, el nivel de desvergüenza, la impudicia y la desfachatez con que se hace superan con creces el límite de lo tolerable. A propósito, aquel periodista era yo.

Anuncios

Acerca de José Ramón Patterson

Soy periodista desde los 20 años. En aquella época aún tenía sueños profesionales. Perdí la ilusión, pero me quedan la curiosidad, el oficio y bastante mala leche. Vivo y trabajo en Asturias.
Esta entrada fue publicada en Periodista, Televisión y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La misma mierda de siempre

  1. Oscar dijo:

    Muy acertada la parte sobre Oriente Próximo… Casi tanto como el resto.
    Un abrazo.

  2. Claudia dijo:

    Si es que cómo no va a estar una orgullosa de los padres que le han tocado. ¡Salisteis a mí!

  3. Luis dijo:

    Tuve la suerte de trabajar contigo en esa cumbre de ministros. Aparte de las patochadas del italiano, recuerdo al mº aleman, al que antiguamente se le conocía por Erik el rojo, mirando embelesado a las cigüeñas durante su cortejo en lo alto del palacio en que se desarrollaban las reuniones. Que tiempos…

  4. Ramiro dijo:

    ¡Olé tus cojones! Alguien dirá que, claro, trabajando en una empresa pública ya puedes.Pero yo te conozco, y sé que siempre has dicho lo que pensabas. ¿Te acuerdas de aquel redactor jefe que cuando le hacías frente al director decía “te estás cavando la tumba chaval”? ¡Qué tiempos! Jajajajaja.

  5. Kilke dijo:

    Menuda lección de periodismo. Gracias, amigo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s