Sobre metaignorantes y fascistas

Nadie utilizó la propaganda como Goebbels

Sostengo desde hace tiempo, no sin nostalgia, que el periodismo ha muerto. Nadie quiere certificar su fallecimiento, es verdad, pero creo que se debe a que, en el fondo, muchos de los que nos dedicamos a esto aún abrigamos la esperanza de que el cadáver no lo sea y que la postración y la carencia de signos vitales se deban a la catalepsia. Como el periodismo actual, los catalépticos tampoco responden a estímulos, su pulso se vuelve muy lento y la piel se les pone pálida; o sea, tienen los síntomas que presentaría cualquier difunto, lo que en otras épocas llevó a enterrar a alguno que aún estaba vivo. Epicuro, que era un tipo muy listo, escribió que “cuando llega la muerte, ya no vivimos”. En consecuencia, sin haber la certeza de que ya no vive, que la ha diñado, mantenemos la esperanza.

El primer indicio de que el periodismo agonizaba lo tuve hace ya unos cuantos años, cuando se rebajaron tanto la exigencias intelectuales y profesionales para dirigir medios de comunicación que ya lo pudo hacer cualquiera, incluido yo. En eso el periodismo y la política se parecen muchísimo: la inexperiencia, la incapacidad y la falta de preparación han ganado la partida a valores como la veteranía, el talento y el conocimiento, lo que ha provocado la sustitución paulatina de profesionales instruidos en todo tipo de materias, es decir, con una vasta erudición, por necios cuyo discernimiento es de una bastedad – esta con be, como la onomatopeya del balido del carnero – apabullante.

Lo que no tengo claro es si la mediocridad de la jerarquía ha contagiado a las redacciones o ha sido la medianía de estas últimas la que ha encumbrado a puestos de dirección a algunos congéneres grises y anodinos. Ser mediocre, carecer de aptitudes relevantes, no es malo per se; de hecho, no hacerse notar, pasar inadvertido, puede ser hasta muy conveniente en algunas circunstancias. Pero no hablo de eso; a lo que me refiero es al desprecio al conocimiento y, sobre todo, a la exaltación de periodistas poco cultivados y sin consistencia intelectual, lo que obviamente reduce su capacidad para comprender y analizar lo que pasa alrededor, una cualidad  que forma parte indivisible de la esencia del periodismo.  

No tengo reparo en admitir que los periodistas sufrimos de metaignorancia, un padecimiento aún peor que la ignorancia. El ignorante no sabe, pero es consciente de ello y puede ponerle remedio; el metaignorante, sin embargo, desconoce su ignorancia, es decir, no sabe que no sabe. En contra del dicho popular según el cual “la ignorancia es atrevida”, algunos especialistas de la cosa mental sostienen que el ignorante duda de lo que sabe y sus dudas lo hacen ser prudente; el verdaderamente atrevido, dicen, es el metaignorante, que ni siquiera duda. El periodista metaignorante, por ejemplo, no distingue lo nimio de lo importante, ensalza lo banal, frivoliza con los asuntos que realmente tienen interés y ni siquiera domina el principal vehículo de la comunicación humana, la lengua.

Decía Arturo Arias (Gijón, 1920-1975) que un periodista es una portera con bachillerato, dando por sentado que la portera es por definición curiosa y cotilla y que el bachillerato era entonces algo serio. Supongo que lo que quería decir es que para ser periodista hay que tener curiosidad, mala leche y saber escribir, tres virtudes – sobre todo la última – que cada vez abundan menos en la profesión. Así, hay gente que se envenena por emanar gases tóxicos, bomberos calcinados en incendios provocados por pirómanos y presidentes democráticos que detentan el poder, creamos bancos de células particulares de cada persona, rescatamos cadáveres en vez de recuperarlos, cultivamos los preparativos que antes ultimábamos, hablamos de los mayores de 40 años en adelante, ponemos en evidencia lo que debe ser puesto de manifiesto, preferimos warm upsafety car a vuelta de calentamiento y coche de seguridad o damos por cerrado un asunto poniendo punto y final. Vamos, ‘pa mexar y no echar gota’.

En un coloquio en el que participé hace diez años, Melchor F. Díaz alertó de que el mayor peligro para la profesión eran los actos convocados por todo tipo de colectivos y entidades, la mayoría sin ningún interés. Una década después, en efecto, la “agenda” elaborada por los jefes de propaganda de instituciones, partidos políticos, sindicatos, empresas y organizaciones de lo más pintoresco condiciona el quehacer de los medios de comunicación; todos nos vemos inmersos en una vorágine de convocatorias absurdas que, sin embargo, siempre tienen un hueco en los periódicos y las emisoras de radio y televisión. Son pijadas, pero resuelven el día a día de muchos periodistas que por comodidad y sin plantearse ningún conflicto ético tampoco dudan en utilizar tal cual los videos, los cortes de voz, las notas de prensa y las fotografías facilitadas por los émulos de Goebbels.

No es extraño, pues, que en medio de este panorama, donde priman los mensajes simples y se entiende la información como espectáculo de masas, no es raro, decía, que haya pasado inadvertida la propuesta fascistoide de la subcomisión del Congreso para reformar la Ley Electoral, en la que sus señorías plantean que la información electoral en las televisiones privadas se haga también con los mismos criterios que en las públicas. En la práctica eso quiere decir que, además de asépticas, el orden y la duración de las noticias dependen de los resultados de los comicios anteriores, no de su interés, lo cual pone en entredicho la función del periodista. La verdad, no veo ninguna diferencia con el control ejercido en el franquismo. Y aunque me parece indigno de una democracia, soy pesimista: nadie parece molesto. No necesito ser médico para constatar que el enfermo ya no vive, o sea, que está bastante muerto.

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Acerca de José Ramón Patterson

Soy periodista desde los 20 años. En aquella época aún tenía sueños profesionales. Perdí la ilusión, pero me quedan la curiosidad, el oficio y bastante mala leche. Vivo y trabajo en Asturias.
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11 respuestas a Sobre metaignorantes y fascistas

  1. CARMELO dijo:

    Siento llevarte la contraria, José Ramón, aunque estoy seguro al mismo tiempo de que te alegrarás de que lo haga. Como a la vida misma, a mí también me gustan las paradojas, y a veces me asustan. Al grano, que me lio. Está muriendo un tipo de periodismo, como han muerto otros muchos antes que él. Pero hay otro que se esta trasmutando y naciendo y, como siempre, a veces será bueno, otras jodidamente bueno y las más, sencillamente humano. También habrá, hay, otro periodismo despreciable de cabo a rabo.. Pero seguirán pasando cosas y habrá alguien que las cuente, o que lo intente Y alguien que escuche o lea, u oiga y vea ese digamos”cuento”. Y seguirá habiendo periodismo. Aunque algunos no lo acabemos de ver claro. O no lo veamos porque no hayamos ido a hacerle compañía a Epicuro

  2. Patter, el moribundo está luchando por unas bocanadas de aire, pero parece que el aire está viciado… es jodido lo que dices pero es una verdad como un templo. Lo peor es que la peste parece que se extiende a otras áreas de la profesión creativa como el cine, la música o el diseño; y uno de los síntomas más claros es que, hoy por hoy, se pretende que cualquier creativo haga la labora por simple amor al arte.

    El medio creativo en general se queja de la constante disminución de la calidad de las obras creativas y de comunicación, mientras siguen diciédole a sus creativos que tienen que hacer el trabajo gratis, guareciéndose bajo la sombrilla del “No, es que sois becarios, estáis aquí para aprender”, razón por la cual a los 3 meses, cuando la ley los obliga a empezar a apagar, sacan al becario de turno y meten al siguiente. No hace falta que hable de la falta de consistencia y calidad que esto trae a bordo de la profesión creativa. Para quitarse el sombrero.

  3. Un gran artículo, José Ramón. Como el resto del blog. Un ejemplo para todos.
    Haxa salú

  4. Luis Palacio dijo:

    Frecuentemente me vienen a la cabeza dos definiciones (una de noticia y otra de periodismo), cuyos autores -lamentablemente- no recuerdo.
    La primera decía algo así como que “noticia es aquello que alguien está interesado en ocultar”. La segunda -mi memoria se empeña en atribuírsela a Chesterton, pero a pesar de revisar una y otra vez las pocas cosas que he leído de este señor, no la encuentro- dice que “Periodismo es el arte de escribir por detrás de los anuncios”.
    Cuando reflexiono -y tu texto me ha obligado a hacerlo… una vez más- sobre si el periodismo ha muerto, está enfermo o es que se ha ido de fiesta, me contesto según el ánimo que tengo ese día, y las respuestas van de una a otra definición. Si estoy de buen humor me digo “pero si es que siempre va a haber cosas que contar”; si estoy deprimido resumo “¿Coño, pero es que si ya ni hay anuncios!

  5. Pingback: No pasa nada, nunca pasa nada | Diario de un Periodista

  6. Usted está hablando del periodismo como negocio y, tiene razón. El periodismo se mezcla con la obtención del poder; primero por los intereses económicos, también los políticos y la búsqueda insaciable de poder. En este contexto no puede existir la ética; más bien triunfan los trepas, los pelotilleros, los que se abren paso en esta desvalorizada profesión a golpe de codazos y zancadillas. De esta forma, las redacciones no suelen ser un equipo, sino todo lo contrario. Ocurre, en algunos casos, que si lo comparamos con el fútbol, cuando un delantero pretende meter un gol al contrario viene uno de su mismo equipo y le golpea para que no pueda triunfar. El dinero todo lo contamina; y el primero en picar es el periodismo. Poderoso caballero Don Dinero, el primer poder, ante la Prensa, el cuarto.

  7. Diego dijo:

    José Ramón, tus artículos son densos, documentados y uno aprende leyéndolos.
    Por cierto, ahora que he regresado intentaré poner un enlace de tu blog al mío. A ver si recuerdo cómo se hace

  8. La pasta, la pasta, la pasta. Desde que los periodistas trabajan en “empresas de la comunicación” ….. Javier Pérez de Albéniz en:

    http://eldescodificador.wordpress.com/2010/08/20/le-queda-un-telediario/

    Si Vasile y Carlotti se hubieran dedicado a la repostería creo que en España las cosas nos irían un poquito mejor. Sólo lo creo.

  9. Silvino Álvarez-Rueda dijo:

    José Ramón, no hace falta que seas modesto que, como decía un anuncio de televisión, lo peor de la gente modesta es que tiene motivos para serlo. Y no es el caso. Me ha gustado el símil de la catalepsia pero, sin ser médico, me parece que no hay tal: la profesión llevaba varios años agonizando, a poquitos, para que nadie se diera cuenta. Por eso, mejor hablemos de un cadáver, con todas las letras y no precisamente exquisito. En la era de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, vivimos, precisamente, en el mundo de la incomunicación. ¿Recuerdas lo de la hipertrofia de la comunicación, aquella disfunción de los medios de los medios que nos enseñaban en la facultad? Pues eso, demasiados datos, que no información. La cultura como valor en la profesión, lejos de ser apreciada, parece muchas veces aborrecida y la utilización precisa y eficaz de la palabra es tachada (por quien es incapaz de manejarse con más de un puñado de vocablos comunes, inexactos y muchas veces chabacanos ).
    Yo, desgraciadamente, hace años que aborrecí la profesión. Hoy, cuando me preguntan sobre el futuro, cuando me plantean qué pasará cuando mis designaciones digitales se acaben, entonces, suelo responder: antes me voy a Canarias a poner copas… Me siento muy mayor para según qué cosas.
    Enhorabuena y espero seguir leyendo tus reflexiones que hago mías. A pesar de todo, quizás, sólo sea catalepsia.

  10. Estoy con tu niña. Escribes maravillosamente y nunca hablas de lo que desconoces, que ya es mucho. No lo que desconoces, sino esa cualidad. Jajajaja. Y eres un periodista de esos que llaman de raza, así que adelante con tus c. Besos

  11. Claudia dijo:

    Querido, está muy bien eso de la primera persona del plural para dejar claro que eres humilde, pero vamos, ya lo digo yo en los comentarios: de metaignorante tienes tú lo que yo de china.

    De aquí a que una servidora escriba como tú o la Rubia van a pasar aaaaaaños (espero que no décadas), así que presta mucho poder leeros a los dos. Y mientras cosinas como En Portada sigan en pie, déjalo cataléptico de momento. Igual ha cambiado o cambiará el formato (tal vez los informativos dejen de ser vehículo para el buen periodismo) pero los periodistas con moscas tras la oreja como tú, la Rubia o unos cuantos más que yo me conozco siguen en pie. Y eso querrá decir algo.

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