Ellos a su bola

Si viviese de la política en vez del periodismo – la verdad es que últimamente dudo sobre cuál de las dos profesiones es más inútil -, estaría preocupado, muy preocupado. Según el barómetro de julio del CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas, la clase política se ha convertido en el tercer problema del país, por detrás del paro y la situación económica. Apenas un mes antes era el quinto y hace algo más ni siquiera aparecía entre las preocupaciones de los españoles. Es verdad que sólo opina así el 21,7 por ciento de la población, pero si todo sigue igual y el descontento aumenta acabará alcanzando lo más alto del podio. Y como de ahí a la revolución sólo hay un paso, yo estaría muy preocupado – ya lo escribí más arriba – porque ya se sabe de quiénes son las cabezas que ruedan primero.

El caso es no soy político sino periodista, y aunque también me metí en esto con la pretensión de redimir a mis conciudadanos – aspiración que aparentemente compartimos, o eso pensaba -, como no me dedico a la cosa pública, decía, no estoy agobiado por mi futuro ni por el de mi testa. Lo que me preocupa es otra cosa, que no conozco a uno solo de ellos al que la encuesta del CIS, en definitiva la opinión de sus paisanos, le haya inquietado lo más mínimo. Quizá su conocimiento de la historia de las revoluciones sea escaso y no teman perder la cabeza, de ahí su altanería, o puede que, reos de su arrogancia y fatuidad, se consideren los únicos capaces de poner fin a las penurias que padecemos sin reparar en lo que opinamos o queremos.

Siempre he pensado que realizar la misma actividad durante mucho tiempo te adocena, esto es, te vuelve mediocre y vulgar. Y cuando eres uno más y no tienes perspectivas de progresar, tu única preocupación es mantener el estatus. A los políticos les pasa igual, años y años haciendo lo mismo acaba por desmotivarlos, y acuden a las instituciones como quien va a la fábrica, aunque en sustancia no sean lo mismo. Fichan, hacen lo que les dicen – ya sea votar a favor o en contra y defender o criticar una propuesta – y el último día del mes cobran. En eso consiste su trabajo, y lo hacen bien; sin ilusión, eso sí, pero para eso tienen callo y oficio, no en vano muchos acumulan unos cuantos cuatrienios, eso que habitualmente llamamos legislaturas.

No sé ustedes, pero yo creo que lo mejor contra el adocenamiento son los cambios radicales, como sostienen también muchos expertos en recursos humanos; o sea que, por ejemplo, los arquitectos se reconviertan a carpinteros, los albañiles a soldadores y los periodistas a hosteleros o cualquier otra combinación de dos elementos que se les ocurra. Los políticos – es una sugerencia – podrían retomar la actividad que abandonaron cuando, como Saulo de Tarso, lo dejaron todo por empresas mayores; o dedicarse por fin a esa profesión para la que dicen que estudiaron. Supongo que tiene que ser muy frustrante hincar los codos durante años y después dejar de lado los sueños de juventud, la etapa donde se establecen las metas, aunque sea para dedicarse a procurar el bien común.

En bastantes casos el problema está en que la profesión que abandonaron es más fatigosa y menos lucrativa, y en otros que su ocupación ha sido la política durante casi toda su vida adulta. Volver a la vida civil sería una fatalidad. De hecho, es una circunstancia que no contemplan. Sólo así se explica que ex sindicalistas como Jesús Membrado o Fernando Moraleda sean adalides de la reforma laboral de Rodríguez Zapatero, que si algo logrará será precarizar aún mas el empleo, para satisfacción de empresarios de la calaña de Díaz Ferrán. Aparte de su mesianismo infantil, de nuestro presidente es notorio su singular desconocimiento de lo que pasa alrededor, tanto que resulta hasta risible. Barrunto, sin embargo, que no es el único que está en la inopia sobre el precio de los cafés, así que, si ignoran algo tan básico, ¿por qué tengo que confiar en que sí saben lo que me conviene?

Anuncios

Acerca de José Ramón Patterson

Soy periodista desde los 20 años. En aquella época aún tenía sueños profesionales. Perdí la ilusión, pero me quedan la curiosidad, el oficio y bastante mala leche. Vivo y trabajo en Asturias.
Esta entrada fue publicada en Periodista y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Ellos a su bola

  1. Constantino Fernández Sierra dijo:

    El siguiente párrafo tuyo define claramente la actitud de la vicepresidenta del gobierno en un espacio de televisión que ví ayer: al pié de la letra.

    Lo que me preocupa es otra cosa, que no conozco a uno solo de ellos al que la encuesta del CIS, en definitiva la opinión de sus paisanos, le haya inquietado lo más mínimo. Quizá su conocimiento de la historia de las revoluciones sea escaso y no teman perder la cabeza, de ahí su altanería, o puede que, reos de su arrogancia y fatuidad, se consideren los únicos capaces de poner fin a las penurias que padecemos sin reparar en lo que opinamos o queremos.

  2. Claudia dijo:

    Uy, cada vez me da más envidia la ilusión que tenían en este país antes de las últimas elecciones. Cuando nos pase a nosotros eso con un político…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s