Contra los neoliberales

Günter Walraff, el "periodista indeseable"

Cuando era aprendiz de plumilla y creía que podía cambiar el mundo, o al menos una parte de él, soñaba con ser como Günter Walraff, un periodista alemán de quien había leído los dos únicos libros publicados en España, Cabeza de turco y El periodista indeseable. Si los americanos Tom Wolfe y Hunter S. Thompson inventaron el llamado nuevo periodismo (hay quien atribuye la creación del género a Truman Capote con A sangre fría), los germanos, y en concreto Walraff, aportaron al mundo de los tabloides lo que en lengua alemana se llama wallraffen (wallraffear), que consiste en adoptar una identidad falsa para introducirse en el ambiente que se quiere investigar y luego contarlo en primera persona.

A lo largo de su carrera, Walraff se hizo pasar por inmigrante turco, opositor durante la dictadura militar en Grecia y traficante de armas en Portugal, entre otras identidades falsas, e incluso logró colarse en el periódico sensacionalista Bild-Zeitung para denunciar su escaso respeto a la verdad. Pero a mí, sobre todo, me gustaban sus reportajes sobre las grandes industrias de la entonces República Federal Alemana (Walraff fue acusado de espiar para la Stasi, el servicio secreto de la RDA), donde los trabajadores eran tratados como insignificantes engranajes de unas cadenas de producción cuyo fin era proporcionar el mayor beneficio posible a sus propietarios, aunque fuese a expensas de los derechos más elementales de los empleados o su salud.

Si al influjo de Walraff añadimos que nací y crecí en un barrio obrero, donde tener un coche de segunda mano era un peldaño en la escala social y los más pudientes iban de vacaciones a León para “secar”, si tenemos en cuenta todo eso, decía, se entiende la poca simpatía que siento por aquellos tipos que exprimían a mi padre y a los de mis amigos, en algunos casos hasta la extenuación, por un salario miserable. Nunca he creído en el buen corazón de los empresarios – hasta Schindler se aprovechó de los judíos a los que salvó – y sospecho que cuando claman por modificaciones en el mercado laboral no es por altruismo, es decir, para procurar el bien ajeno aun a costa del propio, sino por todo lo contrario, o sea, disponer de un seguro gratuito que garantice su status quo cuando las cosas se tuerzan.

Por encima de cualesquiera otras cosas, los empresarios lo son para ganar dinero, cuanto más mejor y a costa de lo que sea. De hecho, siendo menos, hay más empresarios que trabajadores condenados por cometer todo tipo de tropelías – imposición de condiciones infrahumanas, tráfico ilegal de mano de obra, incumplir las exigencias de seguridad e higiene, etc. -, todo para ahorrar costes y mantener o aumentar el margen de beneficio. Si para lograrlo hay que despedir a veinte obreros – o a doscientos, depende del tamaño de la empresa -, qué importa. El problema, claro, está ahora en el precio, ya que cuando el juez estima que no hay motivo para el despido, prescindir de un trabajador sale al parecer demasiado caro.

Hace años, siendo director de RNE, me invitaron a comer los promotores del centro comercial Parque Astur, que entonces se estaba construyendo. Si menciono que ocupaba un cargo directivo es porque cuando dejé de desempeñarlo también dejaron de invitarme. Pues bien, durante el almuerzo, la persona que me había invitado no paró de ensalzar al tercer comensal y principal impulsor del proyecto, el empresario Manuel Álvarez ‘Lloriana’ – mi padre prefería el alias de Manolo el Atacau, porque, según él, estaba atacau de perres -. “Con esta inversión, Manolo quiere devolver a Avilés lo que Avilés le dio”, repetía una y otra vez. Hasta que el propio ‘Lloriana’ terció: “Sí, sí, le debo mucho a Avilés, pero hacemos esto para ganar dinero, eh, que no se te olvide”. ¿Hace falta ser más claro?

Lo sorprendente y lamentable es que, conociendo el talante de nuestros empresarios – el presidente de la CEOE es un digno representante -, el Gobierno se empeñe en facilitarles las cosas con una reforma laboral propia del neoliberalismo más salvaje. O sea, el hombre vale lo que vale su capacidad para generar ingresos, nada más. En esa línea parece consecuente considerar como causas objetivas de despido la mera posibilidad de que mermen los dividendos o la perspectiva de entrar en pérdidas. Pero que eso lo haga un gobierno socialista y obrerista, y además caiga en la infamia de invocar pretextos capitalistas, es una vileza que redunda en el descrédito hacia el que se precipita el PSOE día a día.

Ya no sueño con cambiar el mundo. Ni siquiera creo que lo hagan – si es que alguna vez lo hicieron – nuestros representantes políticos, a los que se les llena la boca hablando del servicio público que prestan pero tienen la desvergüenza, como en el caso del parlamento asturiano, de excluir del recorte para reducir el déficit lo que cobran en concepto de dietas y manutención, que además de no tributar a Hacienda es en algunos casos bastante más que los emolumentos ordinarios (de hecho, lo perciben todos los días del año, incluyendo sábados, domingos y festivos, estén donde estén). Una auténtica impudicia, en fin. Como digo, ya no sueño con cambiar las cosas; me conformo con que no las jodan aún más. Pero, hagan lo que hagan, en ningún caso – y en esto, como el poeta, soy irreductible – voy a darles las gracias. ¡Faltaría más!

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Acerca de José Ramón Patterson

Soy periodista desde los 20 años. En aquella época aún tenía sueños profesionales. Perdí la ilusión, pero me quedan la curiosidad, el oficio y bastante mala leche. Vivo y trabajo en Asturias.
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9 respuestas a Contra los neoliberales

  1. Suso Portela dijo:

    Excelente artículo para tocar y triturar huevos. En tu línea. Coincido plenamente con lo expuesto y siento que decisiones sobre la reforma laboral como las aprobadas por este gobierno de socialistas?????? Más parecen que son inflitrados de la patronal y de la derecha que tanto hace sin reparar en medios para volver al “poleiro” del poder, mientras que los que están hacen todo lo posible y a costa de quien sea -en este caso los trabajadores- para seguir arriba. Cuánto gusta el poder. Ánimo y vente a mi tierra a cargar más las pilas.
    Suso

  2. Nacho Prieto dijo:

    Lo más triste o sorprendente de cuanto dices, a mi juicio, es la autoría del expolio a lo conseguido en muchos años de lucha que no estamos sabiendo defender. ¿Importa realmente votar a Zapatero o a Rajoy? ¿Dónde ha quedado la ideología a la hora de afrontar los problemas? Tengo la impresión de que los políticos se presentan a unas elecciones como si concurrieran a una oposición en la que el tribunal somos todos. El que gana gestiona la cosa pública durante cuatro años y tiene derecho a nombrar al equipo que lo acompaña. Son unas oposiciones, eso sí, no para acceder a un puesto vitalicio, tiene fecha de caducidad, pero lo que se obtiene es un empleo del que comer, o muchos, para unos cuantos. Pero, en realidad, las medidas que serán tomadas en cada momento las deciden los gurús del Fondo Monetario, de esos organismos que nadie sabe qué hacen salvo previsiones sobre lo que va a crecer o menguar la economía y los gobiernos que más huevo ponen. Tienen más influencia en lo que ocurra en España los votantes de Alemania o Francia que el pueblo soberano de Iberia. Y es que ahora está de moda optar no por lo que te pide el corazón o la cabeza, sino por “lo que hay que hacer”.
    Saludos, compañero.

  3. anamú dijo:

    Bien Patter! … y suspirando le digo a mi mismidad: Para este viaje no hacían falta las alforjas.
    A partir de ya, te pongo entre los favoritos cotidianos, o sea que …
    Hasta luego!

  4. Matesa Bourio dijo:

    Qué malvado, José Ramón! Una intenta marcharse de vacaciones (si le dan permiso) con pocos deberes, y lo tuyo debería haberlo dejado para después. Pero metí la patita por las primeras líneas….y ahora me llevo una tarea más (después de llegar a las últimas líneas, claro). Como dices tú de ti mismo, no puedes parar de tocar los cojines?
    Y añado por mi parte: el periodismo ya se ha metido en la casita neoliberal. Desde que al hacer periodístico se le llama PRODUCTO (sic, ya sabes, ciertos jefes de la cosa), ¿qué va a ser sino una flor del neoliberalismo? ¿No le llaman los más “modernitos” MERCANCÍA y pontifican desde su sede que como tal hay que tratarla? ¡A vendeeeer!

  5. Ximena dijo:

    Aahh.. Patter! Qué bien que tengas un blog y que te pueda leer. Qué libro de Walraff me recomiendas para empezar con él?

  6. Marta Robles dijo:

    Brillante, José Ramón. Me gustan tus reflexiones, aunque no lad comparta siempre. Es una pena que no escribas más a menudo.

  7. Bien por Patter. En ese espacio de la blogosfera (en el que dicen que cada 13 segundos alguien en algún lugar del mundo sube “su obra”) hay que patear muy poco para saber que lo que uno lee merece la pena; aquí una de esas perlas.

    Que si Benedetti, que si Walraff …. habrá que seguirte con atención. Un pero muy pero ¿Que ya no sueñas con cambiar el mundo?, pues ya estás cambiando de pastillas.

    Un abrazo fuerte

  8. diegoarmario dijo:

    José Ramon, es un placer leerte.
    Los años nos hacen más libres de ataduras, compromisos o miedos.
    Diego

    • José Ramón Patterson dijo:

      Es verdad, Diego, los años no nos sosiegan y, encima, te permiten decir lo que te dé la gana sin ningún tipo de temores. He enlazado tu blog con el mío, aunque no sé si lo hice bien porque soy un zote, aunque, eso sí, aprendo rápido.
      José Ramón

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