… Y también Viceversa

Entre los regalos de Reyes hubo uno este año que me hizo especial ilusión, la biografía de Mario Benedetti escrita por Hortensia Campanella. No fue, sin embargo, una sorpresa: siempre me ha parecido un escritor extraordinario y todo mi entorno lo sabe. De hecho, cuando no sé qué decir ante algo que exige unas líneas, ya sean de consuelo o de complacencia, acudo a él. Su obra es mi Biblia particular. Me sirvo de las novelas, los cuentos, los poemas o los haikus; en cualquier sitio encuentro una respuesta adecuada a mi estado de ánimo.

Creo que la explicación está en que, por encima de todo, de la calidad indiscutible de su obra y de su compromiso con los oprimidos –que no era otra cosa que un reflejo de su vehemente afición a la vida–, Benedetti era, principalmente, un hombre bondadoso que inspiraba la misma ternura que desborda toda su obra, con cotas notables en «Primavera con una esquina rota». «Lingüistas», uno de los cuentos incluidos en «Despistes y franquezas», es el mejor ejemplo de cómo la delicadeza y el afecto se pueden destilar hasta obtener un producto literario sublime.

La primera vez que estuve con Benedetti fue en el apartamento donde Lola Lucio lo alojó a mediados de los ochenta, cuando vino a Oviedo a dictar una conferencia. Sólo había leído algunas poesías de «Poemas de otros», que me habían regalado. Sabía tan poco de él que, aunque iba a entrevistarlo, apenas abrí la boca. La segunda, pocos años más tarde, hablamos durante dos o tres horas. Después de leer todos sus libros publicados en España me había convertido en fan del uruguayo, al que admiraba con una pasión desbordada.

Mario Benedetti es, no lo duden, uno de los mejores escritores en lengua española, por encima de algunos premiados con el «Cervantes», que a él se le negó. Da igual. Estoy seguro de que, como la adusta y hermosa taquígrafa del cuento, se siente mucho más halagado cada vez que usted o yo abrimos uno de sus libros que coronado con laureles en el Parnaso de la hipocresía que tanto detestaba. Hoy, Mario, estoy jodido y triste, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa, pero quiero darte gracias por el fuego… y todo lo demás.

(LNE, 19 de mayo de 2009)

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Acerca de José Ramón Patterson

Soy periodista desde los 20 años. En aquella época aún tenía sueños profesionales. Perdí la ilusión, pero me quedan la curiosidad, el oficio y bastante mala leche. Vivo y trabajo en Asturias.
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